Entonces no ofender a las creencias y sobre todo reverenciar los mitos religiosos conlleva caer en una peligrosa deriva que a la larga implica tener que aceptar gigantescas mentiras por encima de la propia realidad, desvirtuándose el papel de la enseñanza y en el fondo se permite una peligrosa forma de abuso infantil y hasta de tortura psicológica, puesto que no cuestionar los libros sagrados (sean estos los que sean) permite que en pleno siglo XXI las nuevas generaciones sigan reproduciendo esos mismos colosales errores científicos, que por haber escritos por unos analfabetos de tiempos remotos en unos más que sobrevalorados libros "sagrados" son en la actualidad inviolables para la inmensa mayoría de la Humanidad, absurdo "conocimiento" que en todos los casos ha sido refutado hace siglos por algunas de las mentes más privilegiadas que ha dado esta siempre tan bipolar especie capaz de los mayores logros, pero también de las más absurdas y colosales supersticiones.

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