4 de agosto de 2026

¿Porqué un científico pierde su tiempo analizando y combatiendo la religión?

Desde que hace muchos años ya empecé a escribir en este blog, numerosos creyentes duros y religiosos liberales, y hasta agnósticos o incluso ateos han mostrado su sorpresa, cuando no su indignación por la cantidad de tiempo que dedico a reflexionar y presentar argumentos racionales (y por tanto completamente negativos) sobre el siempre tan particular mundo de las creencias. ¿No sería mejor dejar de perder el tiempo en intentar diseccionar la religión?

Aunque muchos grandes pensadores, e incluso algunos grandes científicos como Ayala o Gould, han opinado que la religión y la ciencia son dos "magisterios" tan distintos que pueden coexistir sin problemas en sus respectivas esferas disjuntas, que supuestamente nunca se relacionan ni se interfieren, la cruda realidad es que la ciencia al intentan explicar la realidad a través de la experimentación y el racionalismo no puede dejar de lado una de las facetas más omnipresentes de esta siempre tan particular especie de monos cabezones y con poco pelo.

Porque desde esos cientos de miles de adocenados católicos que se reúnen estoicamente domingo sí y domingo también en la plaza del Vaticano para recibir los vacuos mensajes de un anciano senil y supuestamente virgen, cuya única cualidad intelectual consiste en parlamentar con una paloma sideral más que aficionada a los devaneos sexuales interespecies, 
 
 
esas multitudes estúpidamente enfervorecidas que cada año viajan al más crudo desierto para dar vueltas y vueltas alrededor de un trozo de piedra proveniente de los espacios siderales  
 
 
y apedrear estúpidamente a un monolito de piedra que representa el mal que en realidad llevan ellos mismos dentro de su carcomida conciencia,
 
 
hasta esos aborígenes de tierras remotas o islas perdidas que danzan como posesos para obtener la gracia en forma de lluvia 
 
 
 o de una buena cosecha o abundante caza 
 

todas las culturas humanas han mostrado su inexplicable esperanza en que unas más que inexistentes fuerzas del más o menos cercano o remoto más allá les concedan una vida mejor a cambio de una más que patética sumisión.

Es por ello que sería tan absurdo que la ciencia en general y los racionalistas en particular dejáramos al margen este comportamiento casi universal, en una inexplicable dejación intelectual similar a si los médicos no estudiaran las enfermedades, porque supuestamente son ajenas a nuestro cuerpo.

Ya que sin pensar y reflexionar (de forma científica y racionalista por supuesto) sobre la religión no se puede comprender cómo hemos llegado hasta donde hemos llegado como especie y sobre todo los peligros que nos plantea el seguir anclados en viejas, erróneas y delirantes supersticiones.
 

Y además, el hecho de que la religión sea tan universal, no le da patente de corso como si de algo inevitable o imposible de cambiar se tratara, porque otros comportamientos nada ejemplarizantes (también impresos en lo más profundo de nuestro comportamiento y hasta de nuestro ADN) como son por ejemplo el sexismo, 
 
  el patriarcado y la bigamia
 

 o la perenne necesidad de procrear sin control ninguno 
 
han sido, al menos en la sociedades occidentales avanzadas, controlados y van camino de ser erradicados gracias al conocimiento científico, la reflexión y la educación de los ciudadanos. 

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