Desde que hace muchos años ya empecé a escribir en este blog, numerosos
creyentes duros y religiosos liberales, y hasta agnósticos o incluso ateos han
mostrado su sorpresa, cuando no su indignación por la cantidad de tiempo que
dedico a reflexionar y presentar argumentos racionales (y por tanto completamente negativos) sobre el siempre tan particular
mundo de las creencias. ¿No sería mejor dejar de perder el tiempo en intentar
diseccionar la religión?
Aunque muchos grandes pensadores, e incluso algunos grandes
científicos como Ayala o Gould, han opinado que la religión y la ciencia son
dos "magisterios" tan distintos que pueden coexistir sin problemas en sus
respectivas esferas
disjuntas, que supuestamente nunca se relacionan ni se interfieren, la cruda
realidad es que la ciencia al intentan explicar la realidad a través de la
experimentación y el racionalismo no puede dejar de lado una de las facetas más
omnipresentes de esta siempre tan particular especie de monos cabezones y con
poco pelo.
Porque desde esos cientos de miles de adocenados católicos
que se reúnen estoicamente domingo sí y domingo
también en la plaza del Vaticano para recibir los vacuos mensajes de un anciano
senil y supuestamente virgen, cuya única cualidad intelectual consiste en
parlamentar con una paloma sideral más que aficionada a los devaneos sexuales
interespecies,
esas multitudes estúpidamente enfervorecidas que cada año viajan al más crudo desierto para dar vueltas y vueltas alrededor
de un trozo de piedra proveniente de los espacios siderales
y apedrear estúpidamente a un monolito de piedra que representa el mal que en realidad llevan ellos mismos dentro de su carcomida conciencia,
hasta esos aborígenes de tierras remotas o islas perdidas
que danzan como posesos para obtener la gracia en forma de
lluvia
o de una buena
cosecha o abundante caza
todas las culturas humanas han mostrado su inexplicable esperanza en que
unas más que inexistentes fuerzas del más o menos cercano o remoto más allá les concedan una vida mejor a cambio de
una más que patética sumisión.
Es por ello que sería tan absurdo que la ciencia en general y los
racionalistas en particular dejáramos al
margen este comportamiento casi universal, en una inexplicable dejación
intelectual similar a si los médicos no estudiaran las enfermedades,
porque supuestamente son ajenas a nuestro cuerpo.
Ya que sin pensar y reflexionar (de forma científica y
racionalista por supuesto) sobre la religión no se puede comprender cómo hemos llegado hasta
donde hemos llegado como especie y sobre todo los peligros que nos plantea el seguir anclados en viejas, erróneas y delirantes supersticiones.
Y además, el hecho de que la religión sea tan universal, no le da
patente de corso como si de algo inevitable o imposible de cambiar se tratara,
porque otros comportamientos nada ejemplarizantes (también impresos en lo más
profundo de nuestro comportamiento y hasta de nuestro ADN) como son por ejemplo
el sexismo,
han sido, al menos en la sociedades occidentales avanzadas, controlados
y van camino de ser erradicados gracias al conocimiento científico, la
reflexión y la educación de los ciudadanos.










No hay comentarios:
Publicar un comentario