Hace unos años se publicó un libro sobre demonios y exorcismos católicos, pero no se vayan a creer que hablaba de hechos acaecidos en la Edad Media. No señor, versaba sobre exorcismos
realizados en las últimas décadas. Entre ellos los que
practicó el fallecido papa Juan Pablo II durante su pontificado. ¡Sí! no
están alucinando, en plena época de la psiquiatría y la neurología modernas, el
mendaz y analfabeto papa luchó y cito textualmente
Ahí es nada, por supuesto que para luchar contra el papa,
Satanás mandaría lo más granado de su diabólico ejército. Pero la pregunta que se deberían hacerse las autoridades sanitarias italianas es ¿cómo el papa pudo exorcizar a una joven italiana? Y la descerebrada respuesta católico-demente fue porque según el obispo de turno la
muchacha no hacía más que escupir y revolcarse por el suelo. Vamos, como ven
todo un diagnóstico avanzado digno del Dr. House. Lo increíble del caso es que
la muchacha necesitó de
“cinco años enteros de bendiciones”
hasta que el demonio se dio por vencido. Eso sí que es tenacidad
por ambas partes. Y resultado 1 a 0 a favor del papa.
Años después, en el 2000 nuestro intrépido pontífice tuvo un
nuevo enfrentamiento con el Maligno. Esta vez en la propia Plaza de San Pedro
en donde mientras el Pontífice impartía su bendición a una multitud
“una atractiva muchacha empezó a gritar como una posesa”
Si es que el diablo tonto no es y las prefiere jóvenes y
guapas. Como parece ser que la chica además estaba dotada de una fuerza
sobrehumana, logrando rechazar a los guardias suizos (es lo que tiene ir vestidos de carnaval) e insultando a un obispo, pues el
ignorante Juan Pablo II (es lo que tiene creerse en comunicación mística con una
paloma extraterrestre) ordenó que le llevaran a la infeliz para exorcizarla. Después
de que el papa no consiguiera rechazar al demonio, otros cargos de la curia
vaticana lo intentaron y se ve que está vez se encontraron con un diablo de
primera división algo socarrón porque les espetó irónicamente mientras se
carcajeaba de los curas
“¡Ni siquiera tu jefe [Juan Pablo II] ha logrado hacer nada conmigo!”
Total que al final parece ser que la muchacha siguió endemoniada
y el papa recibió una humillante derrota por parte de sus infernales enemigos. Resultado final: empate a uno.
Y a todo esto ¿cómo es que en pleno siglo XXI y en la
civilizada Italia nadie intervino para prohibir estas dementes actuaciones sobre chicas
por parte de ignorantes analfabetos mentales? ¿Dónde estaba la policía y los
jueces para dictaminar que las mencionadas posesas debían recibir tratamiento
médico especializado en lugar de brujería del primer milenio? ¿Porqué nadie detuvo
y encerró en un sanatorio psiquiátrico al papa, al obispo y demás imbéciles con
sotana? Y encima el descerebrado sacerdote José Maria Zavala
autor del libro, vanagloriándose supersticiosamente ante toda la clerigalla de los
poderes de su iletrado e ignorante jefe.

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