La neurociencia está descubriendo que nuestro cerebro lejos de
ser una entidad única funciona en la práctica como si contuviese
diferentes módulos que han venido evolucionado en diferentes épocas del género Homo como
respuestas adaptativas a diferentes presiones evolutivas.
Así por ejemplo es por todos conocido el caso de los autistas,
individuos que pueden tener prodigiosas habilidades en matemáticas,
arte, música o memoria, pero que son incapaces de tener ningún tipo
de interacción social. En estos individuos los módulos cerebrales
encargados de la capacidad de atribuir pensamientos e intenciones a
otras personas, lo que científicos, psicólogos y filósofos denominan "teoría de la mente" son defectuosos o incluso no funcionales. Es decir, estos individuos no entienden que existen
otros seres humanos dotados de pensamientos, sentimientos e intenciones
fallándoles lo que comúnmente se denomina psicología intuitiva. Por
tanto, en los casos más extremos de la enfermedad estas personas tratan a
sus semejantes como seres inanimados o como simples robots o muñecas
sin volición ninguna, simples cosas que pueden llamar su atención por
unos momentos pero para nada importantes en su absoluta soledad mental.
Imaginen que Robinson Crusoe hubiera nacido y vivido toda su vida en una
isla desierta sin contacto alguno con otros seres humanos, pues algo
parecido es la terrible situación de la mente de un autista.
Por el contrario el resto de los humanos somos capaces, en mayor o menor medida, de entender que existen otros seres que pueden tener sentimientos, deseos, pensamientos o intenciones más o menos similares a los nuestros. Esta capacidad de "ponerse en lugar de" nos permite concebir y sobre todo prever las necesidades e intenciones de nuestros semejantes haciendo posible la relación social, base de nuestra compleja existencia grupal.
Un individuo que desarrolle una adecuada teoría de la mente podrá diferenciar claramente objetos mecánicos de animales y éstos últimos de los seres humanos. Es por ello que durante la infancia, en la etapa en la que se está desarrollando esta facultad, la imperfecta teoría de la mente de los niños les permite ser capaces de tratar a sus muñecos o a las mascotas de manera similar a como se relacionan con otros niños o con los adultos. Cualquier padre ha podido disfrutar enormemente de esas muchas veces cómicas conversaciones de su hijo pequeño con cualquier objeto, animal o incluso con un amigo invisible o por el contrario pasar horas consolando a su sufriente vástago por la "muerte" por simple rotura de su muñeco preferido, incapaz de hacerle entender que sólo es un juguete. Pero es que para nuestro hijo en esa época el muñeco es tan importante o más que cualquier ser humano. Después con el paso del tiempo, el normal desarrollo intelectual del infante va diferenciando claramente personas del resto de objetos y seres, los amigos imaginarios desaparecen y el cariño hacia la mascota pasa de ser una relación entre iguales a un afecto asimétrico.
Pero ¿qué ocurre si durante la etapa infantil no se desarrolla adecuadamente la teoría de la mente en un individuo, bien por problemas neurológicos o por condicionamiento mental? Pues que el resultado es un persona con una incapacidad de diferenciar a los seres con intenciones (como son el resto de sus congéneres) de otros objetos: el viento, las sombras, ruidos o ya puestos su simple imaginación, sujeto que entonces vive rodeado de un universo donde además de los seres humanos existen multitud de entidades inteligentes con las que debe lidiar.
Estimado lector ¿le suena de algo estas personas? Pues sí, se llaman chamanes, espiritistas, místicos y demás individuos que aseguran estar en comunicación directa con esas intangibles realidades espirituales bien sean de naturaleza religiosa como dioses, ángeles y demonios o paganas como duendes, espíritus o alienígenas.
Por el contrario el resto de los humanos somos capaces, en mayor o menor medida, de entender que existen otros seres que pueden tener sentimientos, deseos, pensamientos o intenciones más o menos similares a los nuestros. Esta capacidad de "ponerse en lugar de" nos permite concebir y sobre todo prever las necesidades e intenciones de nuestros semejantes haciendo posible la relación social, base de nuestra compleja existencia grupal.
Un individuo que desarrolle una adecuada teoría de la mente podrá diferenciar claramente objetos mecánicos de animales y éstos últimos de los seres humanos. Es por ello que durante la infancia, en la etapa en la que se está desarrollando esta facultad, la imperfecta teoría de la mente de los niños les permite ser capaces de tratar a sus muñecos o a las mascotas de manera similar a como se relacionan con otros niños o con los adultos. Cualquier padre ha podido disfrutar enormemente de esas muchas veces cómicas conversaciones de su hijo pequeño con cualquier objeto, animal o incluso con un amigo invisible o por el contrario pasar horas consolando a su sufriente vástago por la "muerte" por simple rotura de su muñeco preferido, incapaz de hacerle entender que sólo es un juguete. Pero es que para nuestro hijo en esa época el muñeco es tan importante o más que cualquier ser humano. Después con el paso del tiempo, el normal desarrollo intelectual del infante va diferenciando claramente personas del resto de objetos y seres, los amigos imaginarios desaparecen y el cariño hacia la mascota pasa de ser una relación entre iguales a un afecto asimétrico.
Pero ¿qué ocurre si durante la etapa infantil no se desarrolla adecuadamente la teoría de la mente en un individuo, bien por problemas neurológicos o por condicionamiento mental? Pues que el resultado es un persona con una incapacidad de diferenciar a los seres con intenciones (como son el resto de sus congéneres) de otros objetos: el viento, las sombras, ruidos o ya puestos su simple imaginación, sujeto que entonces vive rodeado de un universo donde además de los seres humanos existen multitud de entidades inteligentes con las que debe lidiar.
Estimado lector ¿le suena de algo estas personas? Pues sí, se llaman chamanes, espiritistas, místicos y demás individuos que aseguran estar en comunicación directa con esas intangibles realidades espirituales bien sean de naturaleza religiosa como dioses, ángeles y demonios o paganas como duendes, espíritus o alienígenas.



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