4 de mayo de 2026

La religión es una de las industrias más rentables y también una de las mayores defraudadoras de impuestos del mundo

Quizás el único milagro verdadero de la religión consista en que, aunque genera cientos de miles de millones de euros de beneficios cada año en todo el mundo, tiene el privilegio de no solo estar exenta de impuestos de cualquier tipo sino que además recibe también decenas de miles de millones en subvenciones varias a cargo de los impuestos de todos los ciudadanos sean estos creyentes, agnósticos o ateos.  

Así por ejemplo en España se calcula que cada año la Iglesia Católica recibe unos 400 millones de euros de la famosa declaración de la renta, dinero que “donan” los creyentes a cargo de ver mermadas las arcas públicas en esa misma cantidad que no puede ser por tanto usada en los más que necesarios servicios sociales. 

Además como tampoco paga impuesto alguno como es el caso de la exención del IBI de las decenas de miles de propiedades que tiene repartidas por toda la geografía española, amén de no pagar tampoco otros impuestos la Iglesia se ahorra también una cantidad considerable de varios miles de millones anuales. 

A eso hay que incluir que el Estado financia a través de conciertos miles de centros educativos católicos, con cifras estimadas en torno a los 4.800 millones de euros anuales. 

Y finalmente las diócesis católicas también reciben fondos para el patrimonio histórico, atención sanitaria y sueldos de profesores de religión, todo ello con cargo a los Presupuestos Generales del Estado). 

El total que recibió directa e indirectamente la santa y pederasta iglesia católica española en el año 2020 fue la casi increíble cifra de unos 12.000 millones de euros ¿se imaginan cuantos hospitales, colegios y universidades que se podrían construir y mantener y cuantas ayudas sociales que se podrían repartir sin necesidad de estar humillados frente a pederastas con alzacuellos? 

Es por ello que la religión debería estar en una posición privilegiadas en la lista de evasores de impuestos y de ingeniería impositiva, casi al mismo nivel que las multinacionales.

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