Algo muy grave ocurre cuando en el sistema educativo de un supuesto país desarrollado un profesor
de ciencias puede negar todo el conocimiento científico actual por las delirantes alucinaciones de unos analfabetos pastores de cabras de la Edad del Bronce y no pasa
nada.
O cuando otros profesores argumentan que no pueden enseñar ciencia porque eso choca con las creencias de sus alumnos y sus padres.

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