20 de febrero de 2026

¿Dónde está el libre albedrío de los niños de África?

Los
 creyentes afirman con total rotundidad que su "benevolente" divinidad nos concedió allá por el primigenio Jardín del Edén el libre albedrío para poder elegir entre el bien y el mal. Y después según el docto criterio de los mediadores de lo divino de las diferentes confesiones, cada ser humano será juzgado por sus elecciones en la Tierra. Sin embargo, para cualquier observador mínimamente racional este argumento además de infantil es ofensivo hasta grado sumo.

Los más variados pensadores han desmontado la falacia del libre albedrío, doctrina bajo la que se asienta todo ese castillo de naipes llamado religión. Sin embargo, una de las más evidentes pruebas de ese monumental fallo humano de creerse el centro del universo y que sus "decisiones" son relevantes en este casi infinito Cosmos en el que vivimos es la existencia de esos millones de desfavorecidos habitantes de los más depauperados países del Tercer Mundo, seres desprovistos de cualquier rasgo de humanidad por esas perennes hambrunas que convierten a las personas en meros muñecos rotos. ¿Qué capacidad de pensamiento tienen esos miles de niños que mueren cada día antes siquiera de cumplir unos pocos años?
 
 
 
¿Qué libertad de elección tienen esos adultos que más bien parecen recién salidos de los campos de exterminio nazis de la II Guerra Mundial?  
 
  
¿Alá, Yaveh o Manitú van juzgar a unos seres que han sufrido las más horribles pesadillas, cuando bajo cualquier punto de vista mínimamente moral esa deidad (si existiera) debería ser juzgada y condenada a la pena más severa por idear y permitir tan espantoso cúmulo de sufrimientos? 
 

 

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