Una de las mayores paradojas del mundo moderno, en el que el conocimiento, la reflexión, el debate y la libertad de opinión parecen haber llegado a un máximo, es que sin embargo la más oscura, tenebrosa, ancestral y más que demente superstición heredada de nuestro ignorante y oprobioso pasado no puede ser de ninguna manera ser cuestionada, ni tampoco comentada porque eso "ofende" a esos miles de millones de descerebrados miembros de una especie que nunca debería haberse autodenominado sapiens, porque es más que evidente que este calificativo nos viene demasiado grande.
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