16 de agosto de 2023

El patético y casi infinito ego de los creyentes

Aunque los creyentes presumen de humildad, la realidad es totalmente contraria porque es evidente que no existe nadie menos humilde que ese pobre iluminado que tiene la más absoluta certeza en que todo el inabarcable Universo en el que vivimos ha sido creado para su uso y disfrute por una entidad omnisciente y todopoderosa, divinidad que además parece su mayordomo puesto que tiene como principal misión satisfacer los insignificantes anhelos de unos alucinados monos con poco pelo y mucho menos raciocinio. 

Y quizás el ejemplo más claro de ese insolente (a la vez que infantil) ego se da en los siempre tan particulares EEUU de Norteamérica, en donde millones de descerebrados cristianos creen que el nazareno demente, ese pobre analfabeto profeta que fue pasto de gusanos hace dos mil años y cuyos restos forman ya parte de las rocas de algún secarral palestino, aparecerá cualquier día de estos (allá por Montana, Utah o una de las dos Dakotas, que ya sabemos la afición que tienen los dioses por los puebluchos de paletos) para traer el Armagedón a un planeta ya de por sí bastante castigado por la violencia de unos bípedos sobrados de testosterona. Pero eso sí, para "salvar" a un montón de imbéciles que han perdido sus anodinas y miserables vidas dejándose estafar por sotanados del tres al cuarto.

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