Aunque los creyentes, en su pertinaz ignorancia no se hayan
enterado, el filosofo Epicuro
destrozó hace ya más de dos milenios, con un incisivo a la vez que demoledor
argumento (que además puede expresarse en poco más de un minuto) toda esa
infinita estupidez consistente en inventarse dioses que en el fondo no pueden o
no quieren nada con los humanos. Pero desgraciadamente, la nula capacidad de
raciocinio impide a los religiosos comprender en toda su extensión este axioma
del pensamiento crítico.
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