12 de julio de 2019

Ya sabemos por qué va tan mal el mundo, porque la Zarza Ardiente se dedica a hacer milagros de pacotilla


Una de las mayores estupideces de las personas religiosas es presentar como "prueba" de la existencia de su más que inventado diosecillo del tres al cuarto un supuesto milagro de pacotilla, sea este la curación milagrosa de un anciano o la supervivencia de un único pasajero en un accidente aéreo.

Porque en un mundo en donde miles de millones de personas sufren penurias inimaginables para un ciudadano (cristiano por supuesto) occidental, el que la adúltera zoofílica le regale unos pocos años más un anciano casi senil al eliminarle supuestamente un tumor, o en un planeta en donde millones de personas mueren cada año de las formas más cruelmente horribles que el hijo demente de la zarza ardiente (pero a la vez la misma persona que su padre y la rijosa paloma fornicadora si nos atenemos a la Santísima Triestupidez) salve "milagrosamente" a un único pasajero (a ser posible blanco y occidental) del amasijo de hierros incandescentes que queda tras el desplome de un avión en vuelo transoceánico, serían del todo risibles si no mostraran la más que ofensiva ignorancia hacia todo el sufrimiento humano que, día sí y día también, asola a gran parte de esta especie de monos con poco pelo, cabezones, pero que tienen un ego tan desmesurado como para autodenominarse  "pensantes".

Y para certificar esta más que inmensa estupidez, un par de ejemplos recién traídos de los más que particulares EEUU. Porque allí finalmente se han presentado las "pruebas" de que un arzobispo de ese lado del charco, después de llevar más de dos década muerto fue capaz de resucitar a un bebé que llevaba en parada cardiorespiratoria unos minutos. Y como no podía ser de otra manera, las "sólidas pruebas" presentadas han convencido hasta la mismísima Curia Vaticana, por lo que el muerto milagrero será llevado prontamente a los altares. Luego ya veremos si el agraciado receptor del milagro hace algo provechoso en su vida, aparte por supuesto de perder miserablemente su tiempo arrodillado, con las manos muy juntas y dando gracias al finado por el adoctrinamiento al que más que seguramente le habrán sometido sus más que ignorantes padres.

El segundo caso es si cabe más estúpido todavía. Allí uno de los más que habituales comentaristas televisivos de la ultraderecha cristianofascista (que tanto abundan por esos lares) se ha sacado de la manga una más que patética asociación. Como el infumable de Donald Trump dió un discurso el día de la fiesta nacional estadounidense, y en la capital del imperio han ocurrido allí algunos desastres naturales, pues este descerebrado televisivo (aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid tal y como dice el viejo refrán castellano) ha declarado sin rubor que

"Algo cambió en el reino espiritual el jueves 4 de julio. Nuestro presidente sacudió los lugares celestiales con ese discurso. Algo cambió sobre D.C. [Distrito de Columbia] con dos terremotos y una inundación ahora. Algo está en movimiento en los lugares celestiales sobre esta nación en este momento."

Así que ya tenemos la explicación a lo mal que va el mundo: las huestes celestiales están tan centradas en el violador de la Casa Blanca y en salvar la vida a un par de yanquis ¡que claro! no tienen tiempo para resolver esas minucias del hambre en el Tercer Mundo, las epidemias y los cánceres que matan a adultos y a niños y demás fruslerías.


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