El siempre lúcido Neil DeGrasse Tyson destruye en unos pocos
minutos esa más que increíble (a la vez ignorante) falacia de todos los
religiosos de pensar (bueno, eso es un eufemismo) que el inimaginablemente inconmensurable
Universo, del que somos menos que una mota de polvo, ha sido creado para
disfrute y solaz de esta nuestra siempre
tan egocéntrica especie de monos cabezones y con escaso pelo.
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