10 de septiembre de 2018

El patético infantilismo y la soberbia egomanía de los creyentes


Infantilismo en grado sumo es creer que cualquier dios todopoderoso está perdiendo algo de su infinito tiempo en escuchar cada uno de los lamentos y en atender cada una de las miserables súplicas y egoístas peticiones de unos seres incapaces de convertir los problemas en retos para superarse cada día, de una vida quizás corta, pero lo suficientemente interesante como para no pasarla totalmente humillados, esperando cobarde e interesadamente ese regalo que nunca llega en forma de milagro o de jubilación eterna con todos los gastos pagados (léase cielo) si se postran adecuadamente ante una estatua sanguinolentamente torturada, mientras se recitan las cabalísticas palabras mágicas o ponerse con el culo en pompa día sí y día también para conseguir obtener 72 vírgenes cuando el cuerpo lleva pudriéndose en la tierra largo tiempo.

También es imbécil egomanía el creerse que el inconmensurable e inimaginablemente viejo universo en el que vivimos se ha creado con la única finalidad de convertirse en el lugar de solaz y esparcimiento de unos pobres primates con poco pelo, pero con una delirante inventiva, monos bípedos que viven unas vidas exiguas a más no poder dentro de la casi infinita escala cósmica, en un más que minúsculo planeta, que orbita alrededor de una estrella más que anodina, ubicada en un extremo perdido de una galaxia de lo más corriente. Y lo peor de todo es que por todo ello se humille, se persiga y se mate a todo aquel que no esté de acuerdo con algunas de estas locuras en sus más que infinitas variantes. 


En resumen, demencia irracional además de criminal por parte de esos miles de millones de individuos menos dotados intelectualmente de esta siempre tan particularmente insensata especie de mamíferos cabezones.

1 comentario:

  1. Hacía mucho tiempo no leía párrafos con esta contundencia. Están para memorizarlos y "tenerlos a mano" cuando un Textículo de Jehová interrumpe mi solaz dominguero.

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