28 de julio de 2018

Los ateos no necesitamos respeto, solo igualdad


El gran argumento de los creyentes es "respeta mi locura". Y con este salvoconducto quieren imponer a toda la ciudadanía su delirante teocracia. Sin embargo, yo como ateo no pido "respeto", solo igualdad.

Los creyentes pueden reírse de mi ateísmo, considerar que mi racionalismo es otro tipo de "creencia", pueden intentar intimidarme ¡qué risa! con un infierno de attrezzo solo apto para débiles mentales y cualquier otra de las más que patéticas estrategias que llevan desarrollando durante milenios para intentar que las personas con un mínimo de intelecto nos callemos, tengamos miedo, doblemos la cerviz y sigamos asumiendo que ellos son los únicos poseedores de la "verdad revelada". Y además encima debemos dar gracias porque ahora sólo nos insultan y no nos queman en la hoguera como en tiempos no tan pretéritos. 

Sin embargo, a mí como ateo todos sus estúpidos (y por qué no decirlo patéticos) argumentos no me "ofenden". Simplemente quiero un poco de igualdad. 


Si ellos pueden pregonar libremente a los cuatro vientos los más que majaderos dictados de un diosecillo del tres al cuarto, yo únicamente exijo la misma libertad de pensamiento, de palabra y de obra (perdón, pero es que fui educado en el más puro nazionalcatolicismo hispano y hay cosas que desgraciadamente nunca se olvidan) que ellos tienen bien asumida y que ponen en práctica en cualquier momento y lugar, con la aquiescencia de todos y los subsidios públicos pagados por todos los ciudadanos independientemente de sus creencias o increencias. 

Por tanto, cuando yo (o cualquier otro ateo "radical") expresemos (con más razón que un santo, valga el símil teocrático) nuestros más que racionalmente ciertos argumentos solo pido que se nos deje expresar con la misma libertad que tienen todos los dementes alucinados, presa de los delirios de analfabetos de la Edad de Piedra, nuestra más que acertada posición. 



Y ya si además se nos exime de pagar impuestos y se nos conceden generosas prebendas públicas, propiedades y rentas incluidas como estos destripaterrones meapilas, pues miel sobre hojuelas porque eso únicamente demostraría que en el supuestamente "avanzado, democrático y tolerante" siglo XXI se habría alcanzado ¡por fin! una verdadera igualdad entre todos los ciudadanos de una democracia moderna.

Pero claro, esto no es más que un deseo que desgraciadamente parece que yo no podré disfrutar, porque seguiremos anclados en esa más que ofensiva sinrazón de que en este mundo sólo los más estúpidos, esos que creen en dioses elefantes, en zarzas ardientes que desvirgan a jovenzuelas judías, aquellos que se mutilan en pene o que prometen tropecientas vírgenes al estúpido de turno capaz de reventarse con un cinturón bomba, son los que tienen el inalienable derecho de seguir destruyendo las mentes y los cuerpos de los humanos, cuanto más jóvenes mejor. Por tanto sólo queda decir ¡ya basta! de estulticia religiosa.

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