25 de abril de 2018

Torturando a un bebé en nombre de la moral cristiana


Tan importante como disfrutar de una vida digna es el poder terminar también dignamente y sin sufrimientos adicionales. Y esta simple idea que debería estar escrita en piedra en toda legislación de un país civilizado, debería estar más presente aun cuando de menores de edad se tratara.

Porque que un adulto pueda en su propio perjuicio alargar su enfermedad terminal hasta donde sus creencias o sus miedos así lo exijan tiene un pase, pero que un niño con una enfermedad terminal que tiene dañados prácticamente todos sus órganos sea moneda de cambio para la moral cristiana, con todo ese despliegue de un avión militar italiano para transportarlo  desde el Reino Unido a un hospital del Vaticano, para que así se pueda alargar su más que terrible agonía y los sotanados de turno puedan seguir con su deleznable moralina de que “la vida es sagrada” debería ser motivo suficiente de denuncia judicial. 

Porque es más que ofensivo que mientras miles de inmigrantes mueren como perros frente a las costas italianas, se monte toda esta vergonzosa parafernalia, con concesión de ciudadanía italiana inmediata incluida, para lo que ya no es más que un pobre y diminuto cuerpecito en fase casi de descomposición, que lo único que necesita es que lo dejen morir en paz cuanto antes.

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