Aunque
la Iglesia católica ya nos tiene acostumbrados a los mayores desmanes, las
nuevas revelaciones sobre la malversación de donativos para la compra de
acciones y pisos de lujo para que vivan con toda comodidad esos obispos (que si
se encontraran con el nazareno demente no lo reconocerían) sobrepasa cualquier
límite de decencia. Pero esa es nuestra santa madre iglesia tan comprometida
con los pobres, eso sí siempre de boquilla, que luego la realidad es otra muy
distinta.
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