4 de octubre de 2015

Una reflexión dominical

Es habitual encontrarse con un creyente que sorprendido no puede entender porque hay alguien en el mundo que no adora a su dios particular.


Y muchas veces cuando se le explica que ese ente ante el cual pierde miserablemente su tiempo es un constructo social de cada civilización o cultura, primero se muestra muy ofendido ya que la tolerancia de los creyentes tiende a cero y después inevitablemente acusa a su interlocutor de ser un ignorante y un pecador.

Para estos individuos está especialmente recomendado esta imagen que resume muy gráficamente lo absurdo de las creencias.

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