A una joven se le diagnostica una esquizofrenia paranoide y
entra en tratamiento médico psiquiátrico obteniéndose una remisión parcial de
los síntomas. Posteriormente la enferma entra en contacto con sacerdotes
católicos que le inducen a pensar que sus problemas no son debidos a una
enfermedad mental sino a la presencia acechante del maligno. Por tanto y dentro
de la lógica aplastante de estos irresponsables ignorantes sotanados, la paciente es sometida a múltiples
exorcismos que acabaron interfiriendo con el tratamiento médico, con el
agravante de que los sacerdotes católicos conocían la historia clínica previa de
la paciente tanto en su diagnóstico como en el tratamiento prescrito. Después
de ello ¿Los exorcistas fueron acusados de intrusismo profesional, imprudencia
temeraria o cualquier otro delito punible al someter a una persona temporalmente
discapacitada a sus cavernarios ritos? ¿Se les amonestó de alguna manera por
este comportamiento absurdo y medieval?¿Se les ha prohibido continuar con sus
arcaicas y supersticiosas prácticas chamánicas? La repuesta a todas estas
preguntas (como no podía ser de otra manera tratándose de la intocable Iglesia
católica) es siempre no. Ahora adivinen la fecha y el lugar en donde ocurrieron
estos hechos. ¿Los Cárpatos durante el siglo XIX? ¿Una aldea perdida del África
subsahariana en los años 60? ¿La ignota selva amazónica? Pues no señores, tal y como muestra la publicación de este caso
clínico en una revista científica especializada y firmada por médicos del
departamento de psiquiatría del Hospital Clínico de Madrid, estos increíbles y lamentables hechos
se desarrollaron en la capital de España el pasado año 2011. Pero ya sabemos que la sombra de B16, Rouco y sus obispos trabucarios es alargada.
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