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PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

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12 de marzo de 2018

Medicina y religión: la ley del embudo



Si hay una faceta en la que la religión extiende toda su prepotente ignorancia es quizás en el tema de la medicina.

Así cuando un creyente enferma, tanto el afectado como sus piadosos familiares despliegan rápidamente todo un conjunto de oraciones, rezos y peticiones al más allá por la salud del interfecto sin entender que, en el caso de existir esa todopoderosa deidad, sería más que evidente que en sus inescrutables designios ha enviado él mismo la enfermedad. Así que ¿para qué rezar?

Pero es más, los piadosos acuden también raudos al médico y si es necesario al hospital a ponerse en manos de esa más que atea medicina científica, inventada y desarrollada día a día para contravenir los deseos de esas deidades que diseñaron tan inteligentemente esa miríada de patógenos o esos más que increíbles cánceres, dolencias todas ellas que tan exquisitamente nos producen sufrimiento, agonía y muerte de mil maneras, a cada cual de ellas más horriblemente dolorosa. 

Pero aún así los pobres descerebrados ruegan y ruegan a Visnú, Alá o Iahvé para que cambie de opinión y deje al creyente vivir unos años más en este supuesto valle de lágrimas, cosa que mi más que atea mente no podrá nunca llegar a comprender, ya que si te espera la dicha eterna, colmado de gozo por la presencia de angelitos o vírgenes núbiles (según sea la opción religiosa) ¿a qué narices luchar contra la enfermedad y la muerte? cuanto antes llegue, mayor será la dicha eterna. Pero es que además, acudir a la medicina atea sólo puede enfadar a las siempre coléricas deidades por interponerse en sus divinas decisiones y lo mismo uno acaba en el infierno por haber tomado antibióticos o radioterapia. 

Y ya lo de justificar la curación es el culmen de la imbécil disociación mental a la que tan aficionados son las personas religiosas. Si el médico diagnostica una infección y administra antibióticos o detecta un cáncer y trata con quimio y radioterapia, el paciente religioso tras la curación dará las gracias casi siempre a la magnanimidad de Visnú, Zeus o La Gran Serpiente Emplumada como muy humorísticamente relata el siguiente video


y casi nunca reconocerá la vital contribución de esa Medicina Científica, desarrollada por muchas de las mentes más brillantes que ha dado la Humanidad, sin la cual estos pobres ignorantes llevarían ya tiempo sirviendo de comida para los gusanos en el cementerio. 

Quizás por ello los creyentes, aunque crean de boquilla, ellos bien saben que no hay nada después de la muerte y por ello se agarran a esta supuestamente miserable vida ya que en realidad es la única que tienen.

Porque si de verdad creyeran en su dios, confiarían a ciegas y no habría necesidad alguna de hospitales y médicos para las personas religiosas.


1 comentario:

  1. Buenísimo...
    ....para la salud, cómo la homeopatía y, tal vez, la acupuntura...¿O no?
    Claro, un poco de penitencia por sus pecados que tanto le han afectado a la salud y ahora que pague por ellos...

    Parece un chiste, pero es mejor que Tabarnia....jaja

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