Si ya has tratado en tu blog el tema de cualquiera de los artículos que lees aquí, te animo a dejar en la sección de comentarios un enlace o URL que nos lleve hacia él, siempre y cuando no sea para hacer proselitismo de la superstición en cualquiera de sus variantes. Todos ganamos con el intercambio fomentando la discusión racional.

No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

Red Atea

Red de blogs AteosMagufos, Blogs de escepticismo y ciencia

Buscar este blog

Se ha producido un error en este gadget.

2 de febrero de 2018

Una niña con un collar de 50.000 euros



El esperpento medieval español no tiene fin. Si ya es malo tener como jefe del estado al resultado azaroso de la cópula carnal entre primos hermanos, la perpetuación de las más que estúpidas tradiciones del más oscuro Medievo en medio del siglo XXI no puede producir más que asombro y vergüenza.

Porque que a esas alturas de la vida una niña de tan sólo 12 reciba un collar de oro macizo valorado en 50.000 euros en una ceremonia de alto copete por ser tan solo la hija de su papá el Borbón, el último de un ancestral ayuntamiento carnal entre primos hermanos, joya que supuestamente premia la fidelidad a la corona sería para tomárselo a risa si no significara el mantenimiento de oscuros y antidemocráticos privilegios en una sociedad supuestamente "democrática".

Pero así es España, mientras cientos de miles de niños están al borde de la pobreza, cuando no de la miseria más abyecta, un parásito que no ha trabajado en su vida le regala (con el dinero de los impuestos de todos, ¡faltaría más!) a su primogénita un pedazo de joya con total y más que ofensiva desvergüenza. Como de cierto es que poco hemos avanzado desde que allá por principios del siglo XIX los más catetos entre los catetos hispanos gritaran con idiotizado orgullo eso de ¡vivan las cadenas!.


No hay comentarios:

Publicar un comentario