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No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

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24 de noviembre de 2017

¿La Ciencia y la Religión son compatibles?



Todos los religiosos "liberales" y algunos científicos se empeñan, vanamente por cierto, en demostrar que la Ciencia y la Religión, quizás dos de los conceptos más antagónicos que haya inventado el ser humano, pueden coexistir en armonía ya que representan dos "magisterios" diferentes, que como más que erróneamente afirmó el por otra parte brillante Stephen Jay Gould, no se superponen.

Sin embargo, esta idílica y más que evidentemente errónea visión del más eterno enfrentamiento entre el racionalismo y la superstición, entre el conocimiento real y las meras invenciones de algunos de los menos dotados intelectualmente y más desequilibrados psíquicamente miembros de nuestra especie solo es defendida por dos colectivos, a cual más particular.



El primer grupo son esos creyentes que en EEUU se denominan "liberales" y en Europa cristianos sociológicos, personas que hace mucho tiempo renegaron en su interior de las más que alocadas "verdades" de su fe, pero que mantienen unos usos superficialmente religiosos. Estos tan particulares individuos no hacen caso a prácticamente ninguna de las obligaciones de su supuesta creencia, aunque sin embargo todavía se consideran creyentes, y pueden incluso acudir al templo cada domingo y hasta participar en variadas actividades de carácter religioso porque ello les infunde tranquilidad y sentido de pertenencia al grupo, aún cuando ellos mismos saben en su interior que todo se reduce a un "bonito" cuento. Serían algo así como zombis religiosos, exteriormente son un simple remedo vacio y sin sustancia del verdadero creyente, ya que en su interior no albergan nada de la esencia religiosa: pensar que un Superman extraterrestre, ese famoso primo de Zumosol que todo lo puede, inventó en un día de aburrimiento un universo de cartón piedra en el que todo gira alrededor de un más que minúsculo planeta, que alberga la existencia de unos pobres monos con polo pelo y un más que desmesurado ego, capaces de imaginarse más que egoístamente que todo lo que les ocurre: lo bueno y lo malo,  sus triunfos y sus desdichas han sido planificadas por ese alienígena omnipotente con objeto de reservarles una plaza de primera fila en una eternidad de angelitos que tocan la lira montados en nubes de algodón.

Y el segundo grupo es todavía más curioso si cabe personas que, pasan años estudiando duramente y que dedican su jornada laboral (y muchas veces casi su vida) a desentrañar los misterios de la Naturaleza siguiendo férreas reglas lógicas, sin embargo luego pueden en un momento determinado aparcar todo ese riguroso cuerpo de enseñanzas racionalistas, y entrar en una mezquita, pagoda o templo vario, dejar su cerebro en la puerta perfectamente aparcado, y aguantar la disparatada narración de esas "verdades" reveladas que chocan frontalmente con todo lo que ellos mismos y los otros miles de científicos que les precedieron o son actualmente sus compañeros saben. Y pasar a admitir durante un rato sumisa, y más que humilladamente, que son ciertas esas "enseñanzas" sobre serpientes parlantes o emplumadas, fornicios extraterrestres, gorrinos endemoniados, pederastas confesos que montan caballos voladores o elefantas con dos piernas y cuatro brazos que la más que disparatada imaginación humana ha sido capaz de inventar a lo largo de siglos de molicie intelectual.



1 comentario:

  1. Ser científico y religioso al mismo tiempo produce una visión psicótica de la realidad, en la que por un lado el químico sabe que la piedra filosofal y el toque del rey Midas son supersticiones, pero Jesús sí transformó el agua en vino. En la que el fiscal desenmascara culpables si no pueden sostener una versión extraordinaria de los hechos, pero sí se creen que el profeta Hilcías se encontró el libro de la Torá perdido por mil años desde la muerte de Moisés y escondido por 300 años en el Templo de Salomón sin que nadie lo supiese, cuando es evidente que fue un movimiento estratégico del rey Josías para unir a Israel y Judá contra el ataque asirio.

    No, definitivamente no pienso que se lo crean en realidad, pero la ternura del niño Jesús en Navidad, la catarsis de dar limosnas para descargar la culpa acumulada de nuestros defectos y errores y los días libres en el trabajo durante la Semana Santa son suficientes para callar la consciencia.

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