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16 de marzo de 2015

Reencarnación budista por decreto ley



Si ya es patético que alguien a estas alturas del siglo XXI pierda el tiempo en surrealistas creencias acerca de la reencarnación, el asunto pasa a histriónico cuando entran de por medio los gobiernos y la geopolítica. 

Los hinduistas y los budistas mantienen la curiosa y absurda creencia que un vez muertos los seres vivos entran en una especie de concurso, de tal manera que dependiendo de los actos pasados se puede ascender o descender en la escala de la vida, de tal manera que una persona buena se puede reencarnar en un santo. Y aquí siempre surgen algunas incómodas preguntas ¿qué puede hacer de bueno una hormiga para ascender en la escala teológica?¿llevar más comida al hormiguero? ¿y un ratón?¿lamer mucho más a sus crías?

Pues bien, parece ser que el actual Dalái Lama tibetano ha declarado que va a ser el último de su especie, de tal manera que no va a reencarnarse ni en humano, ni animal, ni tan siquiera planta. Y dirán ustedes ¡pues qué bien! ¿y a nosotros que nos importa?

Pues parece que la transmigración o no del líder espiritual del Tíbet en babosa, chimpancé o humano en su siguiente vida es un asunto tan importante para que el todopoderoso gobierno chino haya emitido su particular opinión a través del director del comité de Asuntos Religiosos y Étnicos del máximo órgano consultivo de China, el cual ha declarado que

“La reencarnación del Dalái Lama debe ser aprobada por el gobierno central, no por otros, ni siquiera por el propio Dalái Lama."

Así que ya ven, en cuanto se muera el actual líder budista, el gobierno chino se reunirá en santo y sagrado consejo de ministros, y bajo la piadosa inspiración de Buda y de la fuerza yedi del Universo, elegirán en qué se va a reencarnar el susodicho difunto ¿será en gusano, cerdo, perro o un niño nacido en Pekín? Se admiten apuestas.


2 comentarios:

  1. Y eso que la República Popular China tiene un gobierno que es comunista, ateo, materialista y no sé cúantas otras características de índole conexa. ¿Contradicción o parte de una estrategia política? No olvidemos que China reclama tener soberanía sobre el Tibet.

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